dimarts, 28 d’agost de 2007

Circulemos a 80

Hace días que se habla de una iniciativa para reducir la contaminación en las grandes ciudades, que consiste en reducir la velocidad de los vehículos a 80 km/h. A mí me parece, de entrada, una buena idea por varias razones. La primera es que yo no utilizo el coche para ir a trabajar y, por lo tanto, me ahorro las caravanas y las limitaciones de velocidad (razón egoista). La segunda razón es que todo ahorro energético, debido a la reducción del consumo de combustible, como de reducción de la contaminación, a través de la reducción de las emisiones de gases a la atmósfera, es muy positivo. La tercera es que, esta reducción de velocidad, reduce el riesgo de accidentes graves y mejora la fluidez en la circulación.

Cuando cojo el coche y conduzco por estas vías afectadas por la reducción de velocidad y miro a mi lado los vehículos que me acompañan, me doy cuenta de que algo no encaja bien. Cada vez proliferan más los coches “todo terreno” y de gran cilindrada que superan de largo los 10 litros de consumo a los 100 km, siendo muy optimistas. Entonces me pregunto de una forma ingenua ¿de qué sirve reducir la velocidad para contaminar menos, si los coches cada vez son de una cilindrada más grande y consumen más combustible? ¿No sería más eficaz reducir el consumo de coches? Y ya hemos topado, como siempre, con los intereses económicos de la industria de la automoción.

Podríamos circular todos a 100 km/h si los coches fuesen más eficientes y ecológicos, reduciendo de forma significativa el consumo y la contaminación, sin tener que sacrificar tanto la velocidad. Tengo que reconocer que es muy injusto obligar a reducir la velocidad a los conductores que han tenido tanto esmero a la hora de escoger un coche de bajo consumo y dejar circular a auténticos monstruos depredadores de combustible.