divendres, 14 de setembre de 2007

El calendario escolar

Ya se han acabado las vacaciones escolares y los padres podrán dejar de hacer cabriolas para conseguir colocar a sus hijos para poder ir a trabajar. Por este motivo cada año se habla de la posibilidad de modificar el calendario escolar para adaptarlo a las necesidades de la sociedad actual.

Yo, como profesor de secundaria, no mantengo una postura objetiva sobre el tema ya que, una modificación del calendario escolar supondría una modificación de mi calendario personal. Por eso intentaré no pronunciarme al respecto, peró sí hacer unas reflexiones.

Primero de todo, hay que recordar que la jornada laboral en nuestro país es de 40 horas semanales. Ya sé que a muchos de vosotros os hará mucha gracia este comentario, ya que muchos pensáis que nadie hace 40 horas, menos yo, claro está, y posiblemente sea cierto, pero no tenemos que perder este dato como referencia. Un alumno de secundaria hace aproximadamente 30 horas de clase a la semana. Hay que añadir un par de horas de deberes diarios, porque señores, vuestros hijos tienen deberes aunque ellos digan lo contrario, y si no os lo creéis, mirad sus agendas. Sólo con esto ya suman 40 horas y ya han cumplido con el horario laboral de un adulto (aunque ellos no son adultos). Pero muchos de ellos también realizan actividades extraescolares como música, lenguas, dibujo, danza, deportes, etc. podríamos decir, entonces, que un alumno hace entre 44 y 50 horas a la semana de actividades. Creo que, queda claro que, no se les puede pedir mucho más, a no ser que queramos que padezcan, de forma precoz, las enfermedades que los adultos padecen en esta sociedad moderna.

La segunda reflexión que me hago es ¿sobre qué parámetros nos tenemos que basar para decidir la dedicación horária y el calendario escolar?. ¿Sobre los intereses de los docentes?. ¿De los padres?. ¿De los alumnos?. No perdamos de vista que un centro escolar es un lugar dedicado a la educación y el aprendizaje de nuestros jóvenes y, por lo tanto, toda reducción o disolución de estos objetivos en otros como el aparcamiento de los jóvenes perjudica grávemente, no sólo la imagen del sistema educativo, sinó también su eficacia.

¿Para qué que queremos más carga lectiva? ¿Quéremos que hagan más horas de matemáticas?, ¿de lengua?, ¿de informática?. ¿Por qué siempre se habla del calendario, pero nunca del uso que se hará del tiempo?. La sexta hora en la educación primaria es un claro ejemplo de todo esto. Todos nos dicen que es fantástica, óbviamente los políticos responsables del Departament d’Ensenyament ¿qué queréis que os digan?. Pero nadie nos dice por qué lo es. Con esta hora se pueden hacer idiomas, ciencias o jugar a las cartas, eso sí, dentro de la escuela y bien aparcaditos. El problema que yo tengo es que no me fio de nadie que, al diseñar esta sexta hora, se olvidó de comprobar si tendría suficiente personal para poder aplicarla correctamente (este cálculo se hace sumando, tampoco os creáis que hay que ser un iluminado) y no como pasa siempre en este departamento, que las incompetencias siempre las acaban padeciendo los que trabajan en las trincheras, en este caso, los profesores, sacando las castañas del fuego con voluntarismo.

Para los que no tenéis la suerte o la desgracia de saber como funciona el Departament d’Ensenyament, sólo os daré un dato. La publicación en el DOGC de los nuevos currículums que se tienen que aplicar este septiembre se publicó el 29 de junio, cuando todos los libros de las editoriales ya estaban en el mercado (con el contenido basado en el borrador del currículum). Bien, no os explicaré más anécdotas, de momento, porque seguro que luego tendrías pesadillas con el tema.

Finalmente, no hay que olvidar dónde vivimos. En este país, a partir del mes de junio las temperaturas son demasiado altas para poder realizar una tarea docente en óptimas condiciones y os puedo asegurar que un adolescente es un auténtica estufa, imaginaros 20 ó 30 juntos. Si alguien está pensando en el aire acondicionado, permitidme que me ría un poquito, los únicos aires que hay están en los módulos prefabricados ya que sin ellos es como estar dentro de un horno eléctrico doméstico pero tamaño XXL.

Aunque parezca clara que la prioridad son los chicos y chicas, los que votan son los padres y, por eso, muchas decisiones son tomadas pensando en rendimientos electorales y no en medidas que pretenden mejorar el sistema educativo y su formación.

Si hay que modificar el horario escolar, se ha de hacer después de una reflexión profunda y con unos objetivos claros y no después de una comida de trabajo con café y copa.