dimecres, 5 de setembre de 2007

La campaña electoral

Nunca me han gustado las campañas electorales, lo tengo que confesar, y cada vez me resulta más difícil soportarlas y creo que no soy el único. Si tenemos en cuenta que las campañas oficiales duran quince días, yo me hago las siguientes preguntas: Si 15 días todavía no has decidido tu voto, cuando has tenido muchos meses, por no decir algunos años para ir siguiendo la política, las acciones de cada uno de los candidatos y de hacerte una idea aproximada de la situación política, ¿lo harás en tan poco tiempo? ¿Qué esperas que te digan 15 días antes? ¿Lo que piensan? ¿Lo que les interesa?

Lo que encuentro intolerable es que las campañas, encubiertas, duren siempre y no se acaben nunca. Es como si fuéramos a trabajar cada día, y nos pasáramos parte de las horas de trabajo buscando uno nuevo para cuando se nos acabe el actual contrato. Una vez han ocupado sus cargos después de unas elecciones, tienen la obligación de dedicarse a trabajar, sobretodo si tienen la intención de complir todas las promesas que han hecho, hasta 15 días antes de las próximas elecciones. A cambio, les damos este tiempo para que nos expliquen lo que han hecho (por si acaso no lo hemos visto), lo que piensan (por si acaso no los hemos escuchado), lo que quieren hacer en el futuro o senzillamente para que nos tomen el pelo como suelen hacer casi siempre.

Se han acostumbrado a que sus promesas electorales se hagan a partir de estudios de mercado, como si se trataran de productos de consumo, y no de lo que realmente piensan que pueden hacer. La idea es decir lo que queremos sentir y no sí lo podran realizar. Una vez han conseguido nuestro voto y su despacho, automáticamente todo el discurso que han ido realizando se comienza a matizar hasta que se acaba disolviendo, como el azucar en el agua. Tendríamos que exigir que en lugar de promesas firmaran un contrato comprometiéndose a realizar todo aquello que dicen, con cláusulas de penalización, en caso de no hacerlo.

Hoy en día, la mayoría de los partidos políticos dicen estar a favor de la preservación del medio ambiente, pero cuando llegan las elecciones todos empapelan el país, sin tener en cuenta el despilfarro y perjuicio que esto supone, aunque para compensar impriman en papel ecológico. Yo, particularmente, busco un partido que no enganche papeles, que no haga grandes escenificaciones, ni grandes promesas, y que no necesite dineros del gran capital o de subvenciones para financiar las campañas que, después, actuarán como limitadores de sus libertades, hasta convertilos en simples marionetas. Ya lo sé, busco una quimera, aunque de momento, hasta que no lo encuentre, este partido se llama voto en blanco.

Para acabar, decir que encuentro muy injusto que los partidos que no tienen representación no puedan disfrutar de espacios públicos para darse a conocer. Ya se que sería muy complicado, ya que se pueden llegar a presentar muchos, pero continua siendo poco democrático, desde mi punto de vista, ya que perpetua a unos partidos políticos y deja fuera a otros, dando voz a unos y no dejando hablar a otros.